Aprovechando que una servidora ha tenido uno de esos episodios de migraña que tan oportunamente aparecen los fines de semana, he pensado que era el momento de hablaros un poco de lo que la gente no sabe acerca de cómo se vive con cefaleas y migraña crónica.

Escribo estas palabras como profesional, para concienciar y para darle un guiño de complicidad al que se sienta identificado con el texto, y también como paciente, pues llevo sufriendo cefaleas y migrañas desde que era una niña. Bajo ambas perspectivas no solo hablo desde mi experiencia y conocimientos, tanto profesional como personal, sino desde lo más profundo de mi corazón.

Vivir con dolor crónico

Cuando se vive con migrañas o cefaleas, y en general con cualquier dolor o patología crónica cuya causa no es estrictamente estructural sino que depende de muchos factores, y no hay una solución o cura definitiva, se está destinado a vivir con ello y manejarlo como uno buenamente puede. Y la vida, en general, se vuelve más difícil.

Allá donde quieras, o debas, llegar, parece que el camino sea cuesta arriba. No importa si es una responsabilidad o una actividad que tenías ganas de hacer. Cualquier cosa que en condiciones normales, esto es, aunque no lo creas, sin dolor, harías sin dificultad e incluso disfrutarías, se vuelve una tarea angustiosa y drenante.

Y, aunque la hagas con éxito, no eres capaz de sentirte satisfecho por la meta conseguida. No se vive, se sobrevive, con sufrimiento y con pocas recompensas.

La falta de comprensión

Es difícil encontrar empatía, comprensión y validez cuando se padece dolor crónico. Explicar una y otra vez que se sufre malestar y, al mismo tiempo, que te vean funcional, acaba percibiéndose como un hábito de “ser quejica”, como si no fuera para tanto. Y si se decide parar, entonces se interpreta como un signo de debilidad.

Llega un momento en que uno ya no sabe qué es peor y al final opta por seguir siendo funcional y aguantar en silencio. Como las hemorroides. A nadie le importa. Lo cual añade un estrés emocional que empeora los síntomas de la cefalea.

Esto deriva en aislamiento y quita las ganas de tener relaciones sociales, lo cual, paradójicamente, podría aliviar los síntomas si dichas relaciones respondieran positivamente a tus síntomas y a tus emociones resultantes. El bucle infinito.

 

Normalizar el dolor

En algunos casos uno vive con el automático puesto, y la cefalea es constante. Vive con nosotros. La normalizamos hasta tal punto que, aunque nos digan lo que tenemos que hacer para prevenirla o mantenerla a raya, es muy difícil integrar esa rutina diaria y de por vida que nos ayudaría a mejorar nuestra calidad de vida.

Es tan difícil porque tenemos otras prioridades, porque realmente no creemos que las cefaleas tengan solución y porque, además, es tan a largo plazo y sin garantías que no creemos que merezca la pena. ¿Y quién tiene tanto tiempo para dedicarse a sí mismo hoy en día?

Tomar el control no siempre es sencillo

La mayoría de pacientes con migraña y cefaleas crónicas sabemos que hemos de cuidarnos, e incluso sabemos cómo. Por un lado, la prevención: estar atento a las señales de aparición de síntomas para cortar la crisis de migraña lo antes posible y echar mano de una medicación y cuidados determinados cuando esta se desata.

En definitiva, tomar el control. Suena sencillo. No lo es tanto. Especialmente porque incluso cuando se tiene la sensación de tenerlo controlado, algo puede ocurrir que rompa ese equilibrio: un cambio de tiempo, una noche de mal descanso, las hormonas… Y de repente la cefalea hace “chas, y aparece a tu lado”. Entonces, ¿para qué todo el esfuerzo que he estado haciendo hasta ahora? Te derrumbas como un castillo de naipes.

Las cefaleas de fin de semana

Las cefaleas de fin de semana. La gente tiene especial problema con esto. Y tú te preguntas: “¿cómo puede ser un problema para ti si la que sufre la cefalea justo cuando tengo por fin un día libre soy yo?”.

Por un lado lo entiendes, pero por el otro, ¿quién te entiende a ti? El cambio de la rutina de entre semana al fin de semana, o que ahora que no tienes esas obligaciones tu cuerpo puede permitirse hablar más alto para que lo escuches y te ocupes de él. Solo es eso. Ya ves tú qué tontería y, a la vez, qué faena (por no decir otra cosa).

No solo es una afección física

De lo que os estoy hablando es de que no solo es una afección fisiológica y funcional, sino también emocional y social.

Y la solución, por llamarla de alguna manera, es hacer lo mejor que uno pueda hacer por uno mismo y vivir los días uno a uno, con la convicción de que, aunque habrá días malos pese a “hacerlo todo bien”, se pueden tener días muy buenos, la mayoría incluso, y volver a disfrutar del trabajo, de la familia, de los amigos e incluso de uno mismo.

Eso siempre va a ser mejor que aceptar, o mejor dicho resignarse, a tener cefaleas diariamente y sufrir sin sentido.

Escúchate y ocúpate de ti

El denominador común siempre es el mismo: escúchate y ocúpate de ti, de tus necesidades, que son distintas a las de otras personas. Esas diferencias no te hacen mejor o peor, simplemente son las que son.

Y si quieres estar bien, o mejor de lo que estás ahora, por H o por B, las tienes que atender. Eso es lo que tienes que aceptar, y los demás también. Lo entiendan o no, que llegados a este punto tienes que tener muy claro que no es tu problema.

Tú ya tienes bastante con sufrir migrañas y cefaleas, y además ser profesional, madre o padre, persona… Tú, y tu circunstancia.

«Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo». Ortega y Gasset

El camino para mejorar la calidad de vida

La fisioterapia, la medicación correctamente pautada por el médico especialista, el ejercicio, la alimentación saludable, hidratarse, el descanso, establecer límites entre lo que nos exigimos y nos exigen y lo que podemos dar, perdonarnos cuando lo que podemos dar no sea lo que esperábamos, hacer actividades que nos reporten bienestar emocional y/o físico…

Y comprometernos con todo ello, con nosotros mismos, es el camino a seguir para recuperar una buena calidad de vida. La que todos nos merecemos.

Para más información acerca de cefaleas tensionales y cómo tratarlas con fisioterapia, haz click en este enlace: cefalea tensional.

La migraña es un animal aparte. Los síntomas y desencadenantes, así como su manejo, tienen sus similitudes, pero son bastante más complejos que la cefalea tensional.

La fisioterapia puede ayudarte, mucho, especialmente con un profesional que tenga experiencia, pero la atención médica especialista, principalmente del neurólogo, es vital para su correcta valoración y abordaje terapéutico.

Ponte en contacto con Elena Miralles Centro de Fisioterapia para valorar tu caso y en qué podemos ayudarte desde la fisioterapia y el asesoramiento, así como para remitirte a otros especialistas en cefaleas y migrañas si fuera necesario.

Información importante

En este artículo quedan excluidas las cefaleas y migrañas secundarias a una patología anatómica tales como meningitis, aneurismas, ictus, lesiones craneoencefálicas, entre otras. En caso de sospecha de padecer dichas patologías, deben ser valoradas y descartadas por el médico neurólogo y mediante pruebas de imagen específicas si este lo considera necesario.

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